Por qué salen las canas y por qué hay personas más nocturnas que otras

¿Por qué el pelo se pone blanco cuando envejecemos? ¿Por qué hay personas que funcionan mejor de noche? Estas son las preguntas que nuestros amigos nos hicieron y que esta semana fueron respondidas por Javiera Castro, Doctora en Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile.

Adaptado de Tobin 2009, doi:10.4103/0974-7753.58550

Adaptado de Tobin 2009, doi:10.4103/0974-7753.58550

Carmen de Santiago nos pregunta: ¿Por qué el pelo se pone blanco cuando envejecemos?

Antes de responder por qué aparecen las canas, necesitamos comprender qué le da el color al cabello. En la base de cada pelo, en cualquier parte del cuerpo, existe un grupo de células llamadas melanocitos. Estas células, presentes también en la dermis, producen un pigmento llamado melanina, que nos otorga el color de piel y de cabello. Alrededor del 95% de la población mundial produce melanina en sus melanocitos, dándonos colores de cabello desde castaño a negro, y sólo alrededor de un 5% posee una variante más clara de este pigmento llamada feomelanina, asociada al cabello rubio y pelirrojo. Durante la fase anágena del ciclo folicular, es decir mientras el cabello está creciendo, los melanocitos en la base del cabello le transfieren la melanina, almacenada en una especie de vesículas llamadas melanosomas, a los keratinocitos, las células que forman estructuralmente el cabello. Así, mientras cada pelo va creciendo, se va “tiñendo” gracias a la melanina.

En promedio, la fase anágena del cabello puede durar de 3 a 5 años (¡aunque hay casos extremos de 25 años!) con una tasa de crecimiento de 1cm por mes. Durante todo este tiempo, los melanocitos producen enormes cantidades de melanina para colorar todo ese cabello. Una vez que el crecimiento se detiene, la mayoría de los melanocitos activos muere y cuando el ciclo comienza otra vez, las células madre de la piel que dan origen a los melanocitos comienzan a dividirse y generar nuevos melanocitos. Nuestro cabello adquiere su color más oscuro en la adolescencia y la adultez temprana, pero a partir de la adultez media (desde los 30 años), los melanocitos comienzan a sintetizar menos melanina y las células madre también generan menos melanocitos. Hay diversas hipótesis que pretenden explicar por qué baja el número de células y de melanina. Una de las más relevantes involucra compuestos llamados “especies reactivas de oxígeno” (ROS en inglés), entre los que se cuenta el peróxido de hidrógeno. Estos ROS son agentes oxidantes producto del metabolismo normal de las células y en el caso de los melanocitos, producto de la formación de melanina, que pueden causar daño en el ADN si la célula no los elimina apropiadamente. Al parecer, a medida que envejecemos, los melanocitos y sus células madre pierden la capacidad normal de mantener estos compuestos a raya, por lo que se acumulan produciendo daño y muerte celular. Y si no hay melanocitos, el pelo no puede adquirir su color, volviéndose gris en un comienzo mientras aún queda uno que otro melanocito con melanina, hasta tornarse completamente blanco cuando ya no hay más pigmento.


Constanza de Santiago nos pregunta: ¿Por qué hay personas que funcionan mejor de noche y cómo afecta esto al metabolismo?

Los humanos somos animales diurnos, es decir, estamos activos durante el día y descansamos durante la noche. Este orden temporal natural implica no solo estar despiertos o dormidos a ciertas horas, sino también la activación o inhibición de muchos otros procesos que deben ocurrir en momentos específicos del día para que estemos saludables. De esta forma, el metabolismo de las células cambia a lo largo del día, así como también lo hace la liberación de hormonas, la temperatura del cuerpo o la conducta. El responsable de este orden temporal, que permite que todo el organismo funcione de manera sincronizada, es una estructura ubicada en el cerebro, específicamente en el hipotálamo, llamada núcleo supraquiasmático. Este lugar funciona como un reloj, que indica la hora al resto del organismo, ordenando temporalmente todos sus procesos.

A pesar que este reloj es capaz de funcionar de manera autónoma, parte de su funcionamiento depende de la presencia de luz. Si hay luz, este reloj envía señales al organismo para realizar procesos que son propios del día, y como los humanos somos diurnos, nos despierta y activa. La vida moderna en las ciudades nos expone a luz las 24 horas del día, confundiendo la actividad de este reloj, el que comienza a enviar señales de día al organismo, aunque en la realidad sea de noche. Esto implica que una parte no menor de la población se declare de hábitos más nocturnos. Sin embargo, esto puede no ser inocuo, ya que implica una desincronización de los procesos normales del organismo con el ciclo natural de luz y oscuridad, lo que puede llevar a producir desde insomnio o somnolencia, hasta enfermedades graves como diabetes, obesidad e hipertensión, e incluso puede convertirse en un factor de riesgo para desarrollar ciertos tipos de cáncer si el desajuste es constante, como en los trabajos por turnos.

La mayoría de los humanos estamos más activos de día, con algunas variaciones pequeñas determinadas por nuestra genética, exposición a la luz, nivel de estrés o hábitos de sueño, entre otras. Sin embargo, existe una minoría que posee mutaciones genéticas que afectan directamente al reloj y que hacen que estas personas tengan fenotipos muy extremos, siendo naturalmente muy madrugadoras (llamadas alondras en la jerga científica) o nocturnas (llamadas búhos). Esta característica genética particular les permite estar activos en horarios muy diferentes a todo el resto de la población. Así, una persona alondra estará más alerta muy temprano en la mañana, mientras que una persona búho se sentirá más activa en la tarde y al comienzo de la noche.

¿Cómo saber si somos naturalmente alondras o búhos, o sólo somos muy sensibles a la luz artificial? Una buena forma es alejarse por un tiempo de la ciudad, hacia un lugar donde no haya luz eléctrica (ni obligaciones horarias, ni estrés), y observar cómo responde nuestro cuerpo. Después de unos pocos días, la mayoría de nosotros sentirá sueño al anochecer y despertará naturalmente al amanecer. Si esto no ocurre, entonces quizás eres de ese pequeño porcentaje de la población genéticamente más nocturno.

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