Cáncer de tiroides y alcalinización de la sangre

Esta semana, nuestro amigo Iván nos preguntó si es posible usar células madre para curar un tumor de la glándula tiroides y si genera algún daño beber bicarbonato de sodio para alcalinizar el cuerpo. Ambas preguntas fueron respondidas por nuestro científico Sergio Vicencio, Doctor en Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile. ¡Los invitamos a leerlas!


 

Pregunta: ¿Es posible utilizar células madre para sanar tumores en la glándula tiroides?

Cáncer es de esas palabras que solo suenan bien cuando van acompañadas de un “no tienes…” De hecho, se suele ver como una enfermedad devastadora en la cual incluso los tratamientos nos intimidan profundamente. Pero, como breve recordatorio, podemos definir al cáncer como un conjunto de enfermedades que se caracterizan por el crecimiento descontrolado de células anómalas en el cuerpo, lo cual lleva a la disfunción de los órganos asociados a éste y, si no es tratado, a la muerte. En particular, el cáncer de tiroides hace alusión a todos los tumores malignos que se originan en la glándula tiroides, siendo el tipo de cáncer más común del sistema endocrino. El síntoma más notorio de este cáncer es la aparición de nódulos o protuberancias en la tiroides o la inflamación de un ganglio linfático en el cuello. Otros síntomas incluyen el dolor, dificultad para deglutir y cambios en la voz. Como en casi todas las enfermedades asociadas a esta glándula, el cáncer de tiroides es más frecuente en mujeres que en hombres y, si bien puede ocurrir a cualquier edad, su incidencia aumenta en personas de edad más avanzada. Comparativamente hablando, los cáncer a la tiroides tienen buen pronóstico, teniendo una tasa de supervivencia después de 5 años cercana al 98%.

Ahora bien, ¿cómo combatimos estas enfermedades? Las estrategias de tratamiento directo contra el cáncer son, en principio, bastante simples. Estas se basan en la idea de eliminar (o al menos disminuir) las células malignas presentes en el cuerpo. Básicamente existen tres grandes herramientas que permiten conseguir esto: la cirugía (dónde se busca remover los tumores malignos del cuerpo), la quimioterapia (que busca eliminar selectivamente las células malignas mediante el uso de fármacos) y la radioterapia (con agentes radioactivos que también busca destruir selectivamente a las células cancerígenas). Normalmente los tratamientos implican la combinación de al menos dos de estas herramientas. Así, las estrategias terapéuticas para el cáncer a la tiroides también se basan en estas tres, siendo la cirugía y el tratamiento con yodo radioactivo de las más utilizadas. Además de esto, hoy en día existen múltiples líneas de investigación que buscan no solo mejorar las estrategias anteriores sino también desarrollar nuevas terapias que aumenten la probabilidad de recuperación de los pacientes.

¿Qué tienen que ver las células madres con el cáncer? Las células madre son un tipo celular que posee la capacidad de diferenciarse en otros tipos de células especializadas, como también de renovarse para generar más células madre. Esta característica las ha convertido en un blanco terapéutico muy atractivo. En este sentido, el uso y manipulación de las células madre presenta un potencial para tratar numerosas condiciones y enfermedades, entre ellas los trastornos neurodegenerativos, trasplantes de órganos, lesiones medulares, enfermedades metabólicas, etc. A primera vista, el uso de células madre no parece tener un potencial directo para combatir la proliferación de un tumor. Sin embargo, el estudio del funcionamiento de las células madre en nuestro cuerpo abre la posibilidad de diseñar tratamientos más eficientes y específicos contra los tumores. Esto se debe principalmente a dos razones. En primer lugar, hay tumores que se originan de poblaciones de células madre, dentro de ellos algunos que afectan a la tiroides. De hecho, los tumores que se originan de líneas de células madre suelen ser más difíciles de erradicar, por lo que llegar a entenderlos es clave para un diagnóstico temprano y para el diseño de terapias que sean más eficientes contra ellos. Sumado a esto, el estudio de las células madre tiene un gran potencial clínico en la recuperación del tejido que ha sido afectado por un tumor. Por ejemplo, en el caso del cáncer de la tiroides, tanto la cirugía como la radio terapia dejan al paciente sin la glándula. En este caso, el futuro desarrollo de terapias con células madre abre la posibilidad de algún día regenerar el tejido perdido durante el tratamiento y así mejorar la calidad de vida de los pacientes luego de la recuperación.


Pregunta: ¿Es factible beber agua con bicarbonato de sodio para alcalinizar el cuerpo de algún modo? ¿O es dañino para el organismo?

pHEl grado de acidez o alcalinidad de una solución se puede medir a través de la escala de pH. Esta escala va desde el cero hasta el catorce, siendo cero el pH más ácido posible y 14 el más alcalino. Al respecto, es importante mencionar que el pH de una solución es un factor muy relevante a la hora de determinar las propiedades químicas de dicha solución. En este sentido, es necesario recordar que nuestras células, nuestra sangre, nuestro cuerpo en sí, son un conjunto de soluciones y compuestos químicos, lo que implica que nuestras funciones corporales también son dependientes del pH. Por ejemplo, los valores fisiológicos de pH en la sangre se mantienen entre 7,35 y 7,45. De hecho, estos valores son tan importantes que existen múltiples mecanismos fisiológicos encargados de mantenerlos estables, dentro de los rangos aptos para la vida. Entre ellos se encuentran cambios metabólicos, la función renal y la ventilación pulmonar. Cuando estos no son capaces de regular el pH y este se aleja de dichos valores (menores a 7,35 significan acidosis de la sangre y valores superiores a 7,45 alcalosis), las proteínas del plasma cambian su estructura y las enzimas pierden su capacidad de funcionar adecuadamente, lo que suele tener como consecuencia el mal funcionamiento del organismo, pudiendo llevar a la muerte.

En relación a nuestra alimentación, es posible ver que los mecanismos de regulación del pH en la sangre son tan eficientes que, en general, la dieta tiene un efecto despreciable sobre el pH de la sangre. En otras palabras, el consumo de compuestos ácidos o de sustancias alcalinas no tiene un impacto inmediato sobre el pH sanguíneo. Además, considerando lo anterior, es fácil ver que si lo tuviera, estos efectos serían catastróficos para el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo. En este sentido, el consumo de bicarbonato puede afectar el pH del tubo digestivo (por ejemplo como antiácido estomacal), pero no es razonablemente factible que su consumo logre alcalinizar la sangre. Si bien es técnicamente posible lograrlo, las cantidades necesarias para un efecto notorio son absurdas, siendo mayores a 2 kg de bicarbonato por litro de sangre para lograr un cambio de solo 0,2 puntos de pH. En otras palabras, es prácticamente imposible cambiar el pH de nuestro cuerpo con la dieta. Nuestros propios mecanismos fisiológicos evitarán que tengamos éxito y, si lo lográramos, probablemente terminemos muertos.

De hecho, un método mucho más simple sería alterando alguno de los tantos mecanismos de control del pH corporal, como por ejemplo, cambiando el ritmo respiratorio. Un aumento de la frecuencia respiratoria induce una alcalinización de la sangre, mientras que su disminución induce la acidificación de ésta. Así, si aguantamos la respiración por mucho tiempo, comenzamos a acumular CO2 (además de producir hipoxia) el cual acidifica la sangre, lo que llevará inmediatamente a que reanudemos la respiración de manera refleja, para remediar este desajuste y regresar a la normalidad.


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